Oración silenciosa: Parte 2 – Lo que es y no es la oración silenciosa

Cuando pensamos en la oración, lo que nos viene a la cabeza es alguna clase de petición o aprobación de Dios. Quizás nos encontramos enfermos y pedimos hacer mejor, o pedimos perdón, o a lo mejor algo de asistencia con la lotería. Estos son los tipos de oraciones en las que en su mayoría formamos parte. Además tendríamos la posibilidad de reiterar un mantra, entre otras cosas, el “Padre Nuestro”, o Ave María, como un acto de locura o contrición. Después están los pensamientos sagrados sobre Dios, el cielo, los santos y Jesús mientras nos sentamos serenamente. O bien, tenemos la posibilidad de ofrecer por medio de Dios por algo positivo que nos sucedió y soliciar custodia contra lo malo. Todas estas son oraciones de gracias, adoración, súplicas y necesidades, pero no son oraciones silenciosas. Para comprender el poder de la oración discreta, uno debe comprender la oración común. La oración común supone una relación entre la oración -o la oración- y la oración a la que se reza. “Necesito asistencia, y te estoy pidiendo que me la des.” Por eso estás “aquí”, pidiendo asistencia, y la asistencia está “allá arriba”. Hay dos comprometidos en la relación; tú y Dios. Porque dos están comprometidos, si uno de ellos no está callado, no probablemente halla comunicación recíproca. Los dos no tienen la posibilidad de estar comentando simultáneamente y esperan estar comunicado. Este es la situacion de la oración convencional; es la oración -o que está realizando todo el ruido y Dios siempre debe estar callado. Aun cuando la oración -o deja de rezar, su cabeza sigue caminando una milla por minuto sin cesar y Dios aún no posee ninguna grieta en la agobiante cabeza de los oradores para ser escuchado. Por eso todo es un solo sendero, el sendero de los oradores, y deja que se enfrente; la oración -o no sabe lo que él o ella está realizando, o si sus necesidades se van a convertir en bendiciones o maldiciones. No es como si Dios (si pudiera decir una palabra en sentido opuesto), diría:”¡Yo! Hey tú. Haz esto, haz aquello. Ve aquí, ve ahí.” Es más bien un llamado sutil o un impulso y sujeto a interpretación. El inconveniente con la oración común, no obstante, es que la oración -o está totalmente atrapada en sus propios pensamientos 24/7, y el “impulso” puede ser tan de forma sencilla un llamado del diablo como una dirección de Dios! Inclusive un profesional extraña vez puede ver la distingue porque el consejo, que de todos modos viene de la cabeza de los oradores, y que podría decirse que es el diablo, frecuenta llevar la oración o por un sendero rocoso, más allá de lo bien que suena al inicio. La oración discreta toma presente todas estas cosas, principalmente la carencia de seguridad en el pensamiento. El pensamiento puede provocar todo tipo de travesuras para nosotros. Desde luego, el pensamiento es además un solucionador de inconvenientes y puede lograr que nuestra vida sea más práctica, pero además puede llevarnos por el sendero equivocado espiritualmente porque el pensamiento crea el ego, que es la antítesis de Dios. El ego es un concepto de nosotros que debe ser reforzada o se debilita. Cuando empieza a debilitarse se siente amenazada y hace todo lo que puede para reconstruirse. Esto nos perjudica durante nuestra vida porque es un esfuerzo recurrente en nuestras mentes. Hay poco espacio para que Dios nos dialogue cuando nos encontramos tan ocupados con nosotros, sencillamente porque nuestras mentes están repletas de pensamientos de nosotros en todo instante. En la oración común nos consumimos pivotalmente con nuestros inconvenientes o con los inconvenientes de quienes nos cubren. En otras expresiones, la oración se transforma en una utilidad para nuestros egos, y de alguna forma, nos encontramos orando al diablo sin percatarnos. La oración discreta es diferente. La oración discreta es todo sobre Dios y no tiene relación contigo. La oración discreta abre la puerta de par en par para Dios mientras te apartas del sendero. La comunicación en este momento se regresa otra vez unidireccional, pero en esta ocasión la exclusiva dirección es de Dios. El siguiente segmento explicará cómo llevar a cabo esta oración discreta, pero por el momento, entiendan que sin la oración discreta no van a poder confiar en sus impulsos e inclinaciones porque van a venir de la cabeza que sostiene un ego fuerte. Todas las buenas pretenciones que presumiblemente surgen de Dios posiblemente no tienen mérito a la larga y sólo siguen apoyando tu iniciativa de mí y la mía. Sin oración discreta (donde te apartas del sendero para que Dios

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