OVNIS, Aborto y el novelista que posa con las máquinas de escribir

En una entrada de Wikipedia bajo’ Frances Parkinson Keyes biografía’ está una foto finamente preservada de la difunta Sra. Keyes sentada en una máquina de escribir. No hay papel en la máquina de escribir y no se puede observar papel en ninguna parte de la cuarto. Por supuesto, el cuadro se expone, y porque Keyes era el creador de bastante más de cincuenta libros nadie pensaría dos ocasiones sobre la carencia de papel en la foto. Hace bastante más de 40 años me hice amigo de la asesora personal de la Sra. Keyes, quien me invitó a la vivienda restaurada del creador en el vecindario francés de Novedosa Orleans sólo unos años antes de que la Sra. Keyes muriera. La vivienda fue vivienda del general Pierre Toutant Gustave Beauregard, inventor y escritor, de esta forma como general prominente en el batallón de los Estados confederados de América. Marge Lilibridge era un poco más grande que yo, pero era irrealizable no intrigarse con las facetas de la da un giro personal que me dio de la mansión hace poco restaurada en la calle Chartres, justo enfrente del popular convento de Ursuline. En los cuartos de esclavos traseros, me enseñó muchos de libros de estructura en blanco y negro y me permitió leerlos con detenimiento. Eran los manuscritos escritos a mano que la Sra. Keyes utilizaba para escribir todos sus libros, con una caligrafía impecable. No utilizó una máquina de escribir. Me aparentaba inimaginable que ella pudiera sentarse y escribir lo bastante para llenar inclusive un libro de estructura, pero aquí había muchos de ellos ajustados contra la pared. Tampoco podía imaginarme que un día sentado en la mitad de numerosos manuscritos publicados y no publicados por mi cuenta, podría estar mandando artículos al planeta entero semanalmente desde un electrónico electrónico llamado PC. Es algo que no logre ver y es una perspectiva que indudablemente habría rechazado, jamás mimado. Jamás conocí a la Sra. Keyes, pero con el paso de los años siempre conocí a alguien relacionado con la histórica mansión Beauregard. Pasé muchas horas en sus habitaciones sagradas y ofrecí muchas oraciones distendidas sentada pensativamente en los bancos de hierro forjado de su hermoso jardín de hierbas. Los manuscritos escritos a mano siempre me fascinaron, pero no me brindaron ninguna compulsión para escribir. Tomó algo muchísimo más convincente para instarme a escribir y todavía no lo veía venir por medio de la niebla, el montaje y la confusión de mi propio futuro. Keyes surgió en Charlottesville, Virginia, del mismo modo que los padres de mi madre, pero no había otras conexiones o paralelismos entre nosotros, excepto uno. Algo, o en mi caso, alguien, nos había impulsado a los dos a escribir lo que habíamos pensado que nuestros leyentes, si no todo el planeta debería leer y meditar por sí mismos. Siempre escribía cuando me apetecía, y jamás poseía la menor iniciativa de ser escritor. por incidente algo que escribí fue recogido en 1979 por Guideposts Magazine y después por Catholic Digest. Otras revistas y publicaciones han publicado algunas de las piezas cortas que escribí, pero siempre me impresionó cuando me han publicado porque, no me importaba si tomaban mi material o lo usaban para prender la chimenea. Años después, tuve un libro o dos libros publicados y comencé a escribir en Internet, pero sólo para responder a un comentario que aparentaba rogarme que respondiera. Los blogs se hicieron populares y con esa popularidad todo el infierno aparentaba desatarse. En esta jornada los blogs se están reduciendo un poco, pero quién echará de menos el interminable, sin rumbo y despotricado de los que parecen sentir un raro alivio al dejar caer lo que hay en la parte de arriba de sus cabezas. No se preocupe, además sé que varios de los comentarios más bien escritos y muy capaces sobre algún tema se tienen la posibilidad de hallar intercalados en el enorme mar de divagaciones de internet que llamamos los blogs. Soy un poco más grande para estar interminablemente revoloteando cerca de los rompedores de ese extendido mar intentando encontrar un pez. Todos vimos blogs, videos y radio por Internet crecer y caer, pero los artículos rígidos, informativos y bien escritos no parecen haber cambiado nada. Son las corrientes profundas, la marea o las persistentes olas rompientes cerca de la costa. Ellos son la forma

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