Prueba de que Dios realmente existe.

La presencia de Dios puede ser probada de dos maneras: por demostración costumbre y por deducción. Estos dos procedimientos se emplean porque son admisibles para la ciencia. En la ciencia, los hechos se tienen la posibilidad de entablar por medio de la demostración costumbre y el saber se puede llegar a la deducción. Empecemos con el procedimiento de demostración costumbre. Se nos comunica que la tierra tiene un campo magnético. No podemos consultar, oír o tocar este campo magnético. No obstante, la ciencia es con la capacidad de mostrar su vida así. Cuando un imán de barra está suspendido para que logre oscilar libremente en un chato horizontal, siempre descansará con su polo norte apuntando precisamente hacia el norte geográfico. Por eso, aunque no podemos consultar, oír o tocar el campo magnético de la tierra, la ciencia puede evaluar su vida demostrando su efecto en un imán de barra suspendida libremente. Esto, entonces, supone que una cosa que no es observable existe de hecho si produce efectos observables en alguna otra cosa. Dios no es observable. No tenemos la posibilidad de verlo, oírlo o tocarlo. No obstante, Dios produce efectos observables en la vida de los humanos. Cuando ponemos nuestra fe en Él, experimentamos el efecto de Su poder. Sobran incontables casos e instancias de personas que, cuando estaban en adversidades, ponían su fe en Dios y experimentaban el efecto positivo de su poder. Ahora se tiene dentro uno de los varios testimonios e accidentes relatados en el libro, The Power of Positive Thinking (El poder del pensamiento positivo), de Norman Vincent Peale (World’s Work Ltd, Publishers). (Para evadir que este artículo sea extenso, he escogido este testimonio muy corto que está en las páginas 195 y 196). Otra mujer médica eficaz me escribió sobre su avance al unir la terapia de medicina y fe. “Me interesé por tu filosofía religiosa. Había estado haciendo un trabajo a la máxima agilidad y poniéndome tenso, irritable, y en ocasiones hostigado por viejos miedos y culpas, de hecho necesitando liberarme de una tensión mórbida. En un instante bajo, una mañana temprano, tomé tu libro y comencé a ojearlo. Esta era la receta que necesitaba. Aquí se encontraba Dios, el enorme médico, con fe en Él como un antibiótico para matar los gérmenes del temor y llevar a cabo inservible el virus de la responsabilidad.comencé a entrenar los buenos principios cristianos esbozados en su libro. De a poco me soltó la tensión y me sentí más distendida y feliz y dormí bien. Dejé de tomar vitaminas y píldoras para el arrojo. Después, añade, y esto es lo que quiero enfatizar,”comencé a sentir que pretendía comunicar esta novedosa vivencia con mis pacientes, esos que vinieron a mí con neurosis. Me impresionó ver cuántos habían leído tu libro y otros. El tolerante y yo parecíamos tener un lote habitual en el que trabajar. Fué una vivencia enriquecedora.comentar de una fe en Dios se convirtió en algo natural y simple de llevar a cabo.como médico “, agrega,” he visto una sucesión de recuperaciones milagrosas gracias a la asistencia divina que está sucediendo. En las semanas recientes he tenido una vivencia agregada. Mi hermana tuvo que someterse a una operación seria hace unas tres semanas. Luego de la operación, desarrolló una obstrucción intestinal. En su quinto día se encontraba muy enferma de gravedad, y cuando salí del hospital al mediodía me percaté de que debía tomar una curva para mejor muy próximamente o su promesa de rehabilitación sería escasa. Se encontraba muy preocupada, por eso conduje despacio a lo largo de unos veinte minutos rezando por un alivio de esta obstrucción. (Todo lo que se podía llevar a cabo médicamente se encontraba siendo atendido). No había estado en el hogar bastante más de diez minutos cuando sonó el teléfono, y su enfermera me mencionó que la obstrucción se había aliviado y que había dado un giro definitivo para mejor, y desde ese momento se había recuperado completamente. ¿Podría yo sentir que la participación de Dios le había salvado la vida? Si a ustedes les gustarán varios más testimonios de las vivencias de la multitud sobre el efecto del poder de Dios en sus vidas, entonces les sugiero que lean este libro. En la posada

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